Construir puentes, no dársenas.

Por el Dr. Diego Sebastián Gutiérrez, Presidente del Colegio de Abogados y Procuradores de Resistencia.

«Quisiera destacar en principio la imagen que pretende encerrar el título de esta columna de opinión. Dársena es todo lugar en el cual los barcos pueden cargar o descargar. Como podrá inferirse, se destaca por lo individualista de su objetivo. En cambio, la figura del puente es mas solidaria, pluraliza, úne, junta a los distintos.

En el mes de marzo tuve la oportunidad de abrir un congreso, organizado por el Ateneo de Estudios Procesales del Chaco, y en representación del Colegio de Abogados de Resistencia, pude sugerir algunas ideas que tienen plena actualidad para el momento que estamos viviendo.

Allí mencioné una metáfora que denomino el modo Adán. Ella refiere que cuando Dios creó al mundo, promulgó la primera norma, que rezaba “mas del árbol del bien y del mal no has de comer”, esa norma fue inmediatamente quebrantada por los seres terrenales. Adán al ser consultado, echó culpas en su compañera, diciendo que Eva le había dado de comer. Eva, por su parte, hizo lo propio con la serpiente. Pero lo cierto es que los tres hubieron de responder para con su Dios. Es que la cuestión que allí se debatía era la relación de cada persona con su Dios, no las relaciones entre ellos. Y utilizando esta metáfora, concluía que el foro de abogados chaqueños no se puede seguir echando culpas recíprocamente, pues todos habremos de pagar tarde o temprano el resultado.

Quiero hoy utilizar esta metáfora para referirme a los hechos de público y notorio, con denuncias de parte un sector gremial de los abogados, que pretende empañar la honorabilidad del Colegio de Abogados y Procuradores de Resistencia, institución que hoy me toca presidir. En estas denuncias se dice que desde Anses se derivan causas a un domicilio que sería del Colegio, para que allí los acreedores de beneficios sociales consulten la lista de abogados, recurriendo para ello a publicaciones periodísticas que implican, a nuestro entender, una exageración de algo que nos resulta ajeno.

Es que, según hemos podido investigar, de la página oficial de Anses (nación) dice textualmente en el apartado de Reparación Histórica, preguntas frecuentes, que cuando algún beneficiario consulte respecto de a cual abogado recurrir, “se podrá consultar los profesionales habilitados a través de las páginas de los Colegios de Abogados de cada provincia (debiendo los mismos tener matricula federal o de CABA)”.

Y lo cierto es que si algún empleado de Anses cumplió con lo establecido en las directivas nacionales, legítima e inocentemente pudo haber consultado la página del Colegio, así como también del Consejo, y derivar a cualquiera de las direcciones que informe la respectiva página.

Como se podrá ver, si es que ocurrió, no sería mas que un simple error, y esto lo podría entender hasta doña Rosa. Ahora bien, el problema no es el error, sino que es lo que se hace con él.

Se puede buscar detener lo que está mal, o postergar en el tiempo los efectos de la publicidad.
Si lo que se busca es corregir algo que está mal, una vez obtenido ello, ya no existen excusas para continuar el curso de acción. Por el contrario, si lo que se quiere es sostener en el tiempo los efectos derivados del daño que se esta dispuesto a producir, pues hay que hacer lo que se está haciendo. Pero deberá tenerse presente que el daño colateral de pretender destruir a una institución abarca no solo a los ajenos, sino a los propios, en tanto destinatarios de la misma dignidad y honorabilidad.

Decimos esto porque nos hemos comunicado con los dirigentes del Consejo a fin de aclarar esta situación, y sin tener en cuenta la misma, se ha decidido salir a los medios a formular una denuncia que no tiene mayor explicación que la referida, sin importar el daño directo que se haga a una institución seria y honesta.

En los tiempos que corren no se puede válidamente levantar el injusto dedo de la acusación sin estar al propio tiempo uno mismo en posición ejemplar.

Tengo para mí la idea de que la dignidad y la probidad se construyen sobre la base de los propios actos. Se erige pues en un castillo de naipes, tan fácil de derrumbar como livianas son las cartas que lo componen.
Pero he aquí la dicotomía, consistente en que si bien la probidad se sabe de construcción lenta, son justamente quienes la dinamitan, aquellos que se verán necesariamente afectados por estos ataques, haciendo que sea su propio castillo de naipes el que habrá de derrumbarse, una suerte de bomba nuclear que consiente la propia destrucción de la la vida humana, supuestamente en protección de una parte de la vida humana.
Nada podría ser tan dilemático.

En la sociedad que vivimos sus protagonistas tienen derecho a ejercer lo que se podría denominar el principio de confianza. Confianza en que las instituciones funcionen, en no ser estafado, en que se respetarán los principios y normas que hacen a la vida en sociedad. Así, tenemos derecho a pensar que un médico nos mejorará la salud, que un arquitecto construirá nuestra casa, o que un abogado defenderá con probidad y honorabilidad nuestro caso.

La finalidad de una asociación profesional es la de proteger el accionar profesional, pero no solo de afectaciones del Estado, o de terceros, sino fundamentalmente de los propios colegas, a efectos de que el ejercicio sagrado de la profesión no se vea mansillado por las acciones de unos pocos, quebrando como dijimos, ese principio de confianza del cual toda sociedad resulta acreedora en la idea de que el todo siempre debe prevalecer a la parte.

Creo que la sociedad reclama hoy (no solo de la dirigencia sindical) sino de todo el arco dirigencial, muestras de ejemplaridad, la sociedad reclama de nosotros un plus, un bonus track, como era antes, donde si uno no daba el ejemplo, mal podía dar consejos .

Por todo lo dicho entiendo que los abogados tenemos que disculpas a los colegas del Colegio; y también tenemos que pedirles disculpas a los colegas del Consejo. Pero fundamentalmente pedirles disculpas a todos aquellos profesionales del derecho que no enrolándose en una u otra facción luchan día a día por dignificar el sagrado ejercicio del Derecho,
que por cierto, nada tienen que ver con lo que está ocurriendo.

Pedir disculpas porque con el accionar de estos días se ha perdido el principio de confianza. Ese principio que a la gente le hace todavía creer en su abogado. Creer que un abogado puede ser honesto y solucionar los problemas de la gente. Creer que todavía existen personas de bien, con vocación de ayudar.
Ese sagrado derecho a pensar de que no todo está perdido.

Por lo dicho anteriormente, el Colegio de Abogados y Procuradores de Resistencia acompañará la denuncia penal realizada por El director de Anses -seccional Resistencia-, ejercida en pos de un deber de vindicación (deber de los funcionarios de pedir a la justicia que investigue cuando se los denuncia), solicitando a la Cámara Penal Federal que investigue los hechos denunciados por una de las asociaciones profesionales, porque entendemos que el único camino en un Estado de Derecho, y en una sociedad que se precie de tal, es dar el ejemplo.

Solo de esta manera, habremos de -como justifica el título del presente- construir puentes, no dársenas.»